Al encuentro de las raíces y… levantando velos / Por César Pablo Escayola Gil (Cerito)

Desde niño, hace más de seis décadas, me preguntaba ¿quién era mi bisabuelo, el coronel? ¿Qué había hecho?, para que la gente hablara y se acordara de él. Como respuesta tenía solamente que se había casado con tres hermanas, que había construido un teatro y un panteón. Muy poco para calmar la sed de saber. Como complemento, la familia Escayola era muy pequeña, en número en Tacuarembó.

 

Pasan los años. Al iniciar en 1963 la carrera de maestro, nuevamente, en pedagogía, con la maestra Elfa de Mattos, el tema del teatro, del panteón con un valor agregado de joya arquitectónica. Es la década en la que AVLIS comienza sus publicaciones en el diario El País, reivindicando la nacionalidad oriental y tacuaremboense de Carlos Gardel. Mis intereses en esos momentos eran otros. Como los jóvenes de esa época: los Beatles, el Club del Clan…

Ya maestro, en el 67 y 68, vivo en casa del Tío Pato (Carlos Segundo Escayola Oliva) en Montevideo, último hijo legal del coronel. El tío Pato fue y es una persona muy fuertemente relacionada conmigo y la familia. Con una fuerte presencia en nuestra formación personal y también en la vida de la ciudad de Tacuarembó. Tanto en el campo comercial con la farmacia El Sol, pegada a Club Tacuarembó, frente a la Plaza Colón, posteriormente Farmacia Dini. Como segundo director del Conservatorio Municipal de Música, hoy Dirección Departamental de Cultura, Turismo y Deporte, que cumple en este 2014 los 70 años. Sería la acción del Conservatorio de Música en nuestro medio motivo y necesidad de otra nota.

Es en estos años es que conozco personalmente a Erasmo Silva Cabrera (AVLIS), puesto que visitaba casi a diario a tío Pato y hablaban de música, teatro… Ahí es cuando comencé a conocer, poco a poco, a mi familia. El coronel, donde nació, como llegó a Tacuarembó, la Guerra de la Triple Alianza, la adjudicación de “suertes de estancias”, su radicación en el Villa de San Fructuoso, las minas de oro de Minas de Corrales, la vinculación con el cónsul italiano Juan Bautista Oliva y su esposa Juana Sghirla. La forma de vida en ese lejano norte del Río Negro. Su relación con Máximo Santos, los cargos que ocupó y las reglas y normas que imperaban en esa época en los planos sociales, políticos, económicos, filosóficos, religiosos…. Su vida, la construcción del teatro, su actividad, su periódico, su cabaret…

Pasan los años, vuelvo a Tacuarembó. Nuevamente silencio. Y se cumple el “Pacto de Caballeros”, entre Tío Pato y AVLIS. Me lo dijo el Tío que luego de su muerte se hablaría sobre Gardel. Y así fue. A partir del 11 de noviembre de 1979 comienza otra etapa. Entran las investigaciones de Eduardo Payssé González, Nelson Bayardo, Selva Ortiz y tantos otros, Cabrera, Sclavo…

Esto incide lenta y profundamente en Tacuarembó, en su gente, autoridades. Surge la Fundación Carlos Gardel, la participación del Gobierno Departamental, Valle Edén con su Museo, camping, la terminal de ómnibus, monumentos, nombre de calles, camisetas…

El Silencio de Tacuarembó comienza a tener nuevos colores y calores.

En el año 2008 conozco a Ricardo Casas, cineasta, que viene a Tacuarembó con la idea de un documental sobre el Coronel Escayola, el padre de Gardel. Sus antecedentes muy buenos los documentales sobre Darnauchans y Mario Benedetti. Así comienza un largo, difícil, amargo y a veces dulce periplo en pos de sus OBJETIVOS. Ello implica un tenaz trabajo de investigación en los campos y ámbitos más diversos, en nuestro departamento, país y España. Luego de nueve años “el fruto de sus desvelos” está pronto para ser visto y compartido.

Se presenta por primera vez, el año pasado, en Montevideo, dentro de las actividades sobre el día, semana o mes del Patrimonio. Es así que luego de finalizada la exhibición del documental se reúnen, sin conocerse, Alejandra (nieta del Tío Pato), Claudia (mi hija), Ricardo Casas, Gonzalo Vázquez (tataranieto del coronel) y otros descendientes. Surge, espontáneamente, la necesidad de reunirnos, de encontrarnos, conocernos, de saber nuestras raíces.

Está la intención, inicialmente, de una pequeña reunión. Pero al entrar en acción las Redes Sociales, todo cambia. Muchos se fueron sumando, preguntando, aportando datos, nombres, fechas… Y la idea nace naturalmente de realizar un encuentro de los descendientes del Coronel Escayola (utilizando su figura como elemento identificatorio y aglutinador). Alejandra Escayola Pose (y Ricardo Varela su esposo) nos brindan generosamente un lugar físico: las instalaciones de Viña Varela Zarranz, Viticultores Unidos del Uruguay, en ruta 74, km 29, Joaquín Suárez, Canelones. La idea surgida el año pasado, toma fuerza y comienza su concreción este año, fijándose la fecha del 11 de mayo de 2014 (luego de varios acuerdos) sí o sí. Fueron meses de febril actividad, de comunicaciones vía telefónica, SMS, correo electrónico, redes sociales etc. Todo iba tomando forma. La ansiedad nos invadía a todos, creo, a medida que se acercaba la fecha. Puesto que eran muchas las preguntas, dudas, interrogantes. Llegó el día. Comenzamos a vernos, a conocernos, ¿quién sos? ¿De qué rama venís?…

Una idea muy acertada, como forma de ayudarnos en la identificación, teníamos un cartelito con nuestro nombre y el del hijo/a del coronel del cual proveníamos: de color AMARILLO los de CLARA, VERDE los de BLANCA y ROJO los de MARIA LELIA.

El denominador común de la reunión (más de 6 horas) fue la alegría, las ansias de saber, conocer, compartir vivencias, la música en vivo; guitarra, mandolina y contrabajo, ejecutada por los parientes brillantemente, donde estuvo presente el tango, y los intentos de cantar. Intercambiando impresiones con Mirta, mi esposa, e hijos, coincidíamos en dos aspectos fundamentalmente, acerca de lo que significó el encuentro: por un lado el aspecto relacionado específicamente a lo familiar, a conocernos, más del 90% no nos conocíamos y a los que conocíamos, increíblemente más de treinta años que no nos veíamos. Esto es un fuerte valor emocional y afectivo. Además, y a título exclusivamente personal, creo que en todas las ramas de la familia, algo que se repite: se SABÍA DEL TEMA, PERO NO SE HABLABA.

El otro aspecto es que el conocimiento de este documental nos permite entender y comprender la vida de nuestro país en general y de Tacuarembó en particular, no sólo en la última mitad del siglo XIX, sino su proyección en el siglo XX, y aún en el XXI. Y podría ser, una de las vías de explicación, el porque Tacuarembó tiene esa identidad particular en todo el amplio espectro de la CULTURA. Quedó acordado un próximo encuentro, lo desean hacer en Tacuarembó, pues la inmensa mayoría no lo conoce. Desafío pendiente. Espero y deseo que el compartir estas vivencias y sentimientos con todos, pueda servir para levantar un poco la punta del velo.

Otoño en Tacuarembó, 18 de mayo de 2014.

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