LOS MEDIOS Y LA CAMPAÑA ELECTORAL

Por Esteban Valenti.

En materia de hacer política partidaria y de la relación de los medios tradicionales, en particular los canales privados de televisión, han cambiado muchas cosas, en los últimos años. La irrupción de las redes sociales ha tenido una fuerte influencia en esos cambios.

No pretendemos hacer un análisis técnico-profesional sobre el papel de los medios masivos, sino desde la política y en especial desde la democracia.

Hubo un tiempo, antes del golpe de estado de 1973 donde los tres canales de TV privados estaban totalmente alineados con los dos partidos tradicionales y con el gobierno de una manera vergonzosa y antidemocrática, fue más que evidente en la campaña electoral de 1971, la primera en la que participó el Frente Amplio.

No se trataba solamente de la cantidad de minutos dedicados abrumadoramente a los dos partidos tradicionales y en particular al Partido Colorado, sino de la directa participación de los canales en la estrategia de comunicación del gobierno y estas fuerzas políticas. Directa y alevosamente.

Mejor no analizar el papel que jugaron durante la dictadura, pasemos por alto en gesto de conciliación democrática. Aunque… apenas retomada la democracia, volvieron a la carga, una parcialidad total y el caso más flagrante fue el plebiscito contra la Ley de Impunidad. Ya habían transcurrido 4 años de funcionamiento de la democracia y sin embargo los canales privados de televisión, con algunos matices seguían siendo el soporte principal de comunicación y de articulación política del gobierno, del Partido Colorado y a menor nivel del Partido Nacional.

Y el eje de su estrategia era afectar al Frente Amplio y al movimiento social, en particular al PIT-CNT, las manifestaciones, protestas y declaraciones sobre la materia son innumerables. Les costó una barbaridad cambiar mínimamente.

Era una de las manifestaciones más antidemocráticas del contubernio de empresas privadas que habían obtenido las concesiones de espacios y frecuencias públicas del gobierno y que estaban anudadas con el poder no solo político sino económico.

Este tema se discutió y se sigue discutiendo en diversos ámbitos, políticos, institucionales, académicos, profesionales. Se han adoptado algunas tímidas medidas pero lo más importante, se ganaron elecciones nacionales, departamentales y municipales chocando contra este modelo. Porque la izquierda, lejos de seguir quejándose o montando medios de comunicación «internos», es decir que básicamente circulaban dentro de la propia izquierda, comenzó a utilizar cada espacio, cada posibilidad para hacer llegar sus mensajes. Y lo fuimos haciendo cada día mejor.

También los canales, no todos por igual, comenzaron a cambiar, asumiendo que una parte cada día más importante de su público eran frenteamplistas o gente de izquierda o progresistas y el rating era el gran medidor. No podía seguir impunemente por el mismo camino.

La crisis del 2002, 2003 tuvo también un fuerte impacto en los medios, televisivos, gráficos, radiales y obviamente en el gobierno y los partidos tradicionales. Y el Frente Amplio afinó sus mensajes, su metodología y dejamos de quejarnos – aunque teníamos todo el derecho a hacerlo – y trabajamos con una estrategia diferenciada en todo el país.

Y nos dio resultado. Obviamente no fue el único motivo, ni el principal por el que ganamos las elecciones en primera vuelta, en un sistema electoral absurdo y único en el planeta donde que hay que obtener más del 50% de los votos EMITIDOS (todos los partidos, en blanco y anulados). Un sistema hecho a la medida por los partidos tradicionales. Pues, incluso así le ganamos en primera vuelta y en las dos elecciones posteriores, ganamos con mayoría parlamentaria propia.

En los 15 años de gobiernos del Frente Amplio no hubo una sola acusación de presiones, de ataques de ningún tipo a la más amplia libertad de expresión, incluso para los tres canales de TV con su larga historia de parcialidad y de poco sentido pluralista y democrático. Las cosas cambiaron, los canales se enteraron que existía el movimiento sindical y el Frente Amplio en cierta igualdad de condiciones. El Uruguay figuró siempre entre los primeros países en el mundo libertad de prensa y en democracia.

Hubo rotación en el poder sin ningún trauma o tensión, confirmando una vez más el profundo sentido democrático nacional y en particular de la izquierda. Y los canales lentamente volvieron con cierta sutileza en algunos casos, pero como tendencia general a torcerse hacia la parcialidad pro gobierno y multicolor. Con matices entre ellos.

Durante este gobierno multicolor el Uruguay descendió varios puestos en materia de libertad de prensa y por lo tanto de democracia, en la clasificación de diversos organismos internacionales. Y sobre todo en la realidad del uso y abuso de la prensa por parte de oficialismo.

Estamos en año electoral, yo no tengo todavía los sistemas de medición del tiempo en los informativos centrales de los tres canales dedicado al gobierno y a cada partido y sus precandidatos. Pero no hay que ser una luz para comparar y ver la gran desproporción, encubierta en que los multicolores suman y suman precandidatos. Pero es un atajo, un justificativo, lo cierto es que la desproporción es abrumadora. Y por lo menos, tenemos derecho a señalarla.

No será quejándonos que lograremos un debate electoral adecuado y democrático en cuanto a los tiempos, los intereses, los valores compartidos, el escarnio que se hace de la profesionalidad son notorios, aunque a veces nos callemos la boca demasiado. Tendremos que aguzar el ingenio, la capacidad, la calidad y claridad de los mensajes.

Sería bueno que los canales de televisión tuvieran en cuenta que el Frente Amplio supera en todas las encuestas o al menos tiene la misma intención de votos que todos los demás partidos políticos juntos. Y es el único que ha crecido de manera significativa, entre 8 y 12% en relación a las encuestas de hace 5 años. No impermeables, sus deseos y su «guerra cultural» contra la izquierda de la que participan con entusiasmo, es más fuerte que los mandatos democráticos y profesionales.

No es una responsabilidad de los trabajadores, básicamente es la línea editorial la que define estas cuestiones, es decir la dirección y propiedad de los canales. Aunque hay periodistas que introducen por su propia sensibilidad matices de pluralismo y diversidad. Hay que reconocerlo.

Hay un episodio, del final del mandato de Luis Lacalle Herrera, del año 1994, donde se concedieron frecuencias de radio a diestra en todo el territorio nacional, de la manera más arbitraria y partidaria posible. No lo olvidemos.

No se puede combatir esa profunda deformación antidemocrática, con las mismas armas que han utilizado ellos, incluyendo presiones y concesiones a raudales, pero tampoco se puede olvidar que la democracia en el país depende en buena medida de que el poder de la prensa, de los grandes medios sea equilibrado y adecuado a la realidad política y ciudadana y no del agrado del poder político y económico. Resignarse es rendirse y en una materia fundamental: la democracia.

Aunque hay un aspecto que para comerciantes y empresarios, como son los dueños de los tres grandes canales de televisión y los del interior también, no les debería ser indiferente: la plata en manos de la gente, la capacidad de compra de la mayoría de los uruguayos, que notoriamente cayó durante 40 meses con este modelo-gobierno. Ellos venden publicidad a empresas que necesitan consumo interno importante,  creciendo en todos los rubros.

Lo contrario de lo que sucedió con este gobierno. Así que se beneficiaron notoriamente con el «otro» modelo, el del aumento permanente de los salarios, de las jubilaciones y pensiones y por lo tanto de las empresas del mercado interno del Frente Amplio. Los que exportaron miles de millones de dólares, no son los avisadores en televisión.

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