URUGUAY – CABO VERDE

Mucho antes de que Uruguay y Cabo Verde existieran como países independientes, ambos territorios ya habían quedado conectados por una de las redes más violentas de la historia atlántica.

En 1536, la Corona española autorizó a dos comerciantes de Sevilla a transportar doscientas personas esclavizadas desde las islas de Cabo Verde o desde la costa africana hacia la provincia del Río de la Plata. Montevideo todavía no había sido fundada.

Cabo Verde, colonizado por Portugal desde el siglo XV, ocupaba una posición estratégica entre África, Europa y América. El archipiélago se convirtió en un centro administrativo, comercial y marítimo desde el cual se organizaban viajes hacia distintos puntos del mundo atlántico.

Las personas llevadas hasta sus puertos procedían principalmente de regiones de África occidental. Allí podían ser registradas, vendidas, retenidas o embarcadas nuevamente rumbo a Europa y América.

En los documentos coloniales, su identidad solía quedar reducida a una cantidad, un precio o una procedencia geográfica imprecisa.

Con el paso de los siglos, el Río de la Plata adquirió una importancia creciente dentro de esa misma estructura.

Buenos Aires recibió personas esclavizadas desde finales del siglo XVI. Después de su fundación en el siglo XVIII, Montevideo también se transformó en un puerto de llegada, reclusión, venta y redistribución.

Entre 1787 y 1812 funcionó cerca de la bahía el llamado Caserío de los Negros, un recinto donde permanecían en cuarentena numerosos africanos recién desembarcados.

Desde Montevideo, algunos eran vendidos dentro de la ciudad. Otros eran enviados hacia Buenos Aires, Paraguay, Chile o las regiones interiores vinculadas con las minas del Alto Perú.

Las rutas cambiaban según las guerras, las leyes y los intereses comerciales. Algunas embarcaciones llegaban directamente desde África, mientras otras pasaban por puertos portugueses de Brasil antes de continuar hacia el sur.

Incluso después de que las nuevas autoridades uruguayas prohibieran la trata, comerciantes continuaron introduciendo africanos mediante documentos falsos o presentándolos como supuestos colonos libres.

Cabo Verde apareció nuevamente dentro de los registros utilizados por aquellas redes clandestinas, aunque el verdadero origen de muchas personas quedó oculto por la falsificación, el contrabando y la falta de documentación.

Por eso, esta conexión no permite afirmar que todos los cautivos llegados a Uruguay fueran caboverdianos.

Cabo Verde funcionó como uno de los puntos que articulaban el tráfico desde África, mientras Montevideo se convirtió en uno de sus puertos de recepción y redistribución en el extremo sur de América.

Ambos lugares quedaron unidos por barcos que cruzaron el Atlántico transportando seres humanos contra su voluntad.

De muchas de aquellas personas no quedaron nombres, historias familiares ni lugares precisos de nacimiento. Pero su presencia sobrevivió en la población afrodescendiente, en la cultura y en la memoria histórica de Uruguay.

La relación más antigua entre Cabo Verde y Uruguay no comenzó con diplomáticos.

Comenzó en un océano convertido en ruta comercial y con vidas humanas tratadas como mercancía.

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