El Centro Cultural Teatro Escayola, en Tacuarembó, es un emblemático espacio histórico, inaugurado originalmente en 1891 y reinaugurado en abril de 2024 tras más de sesenta años cerrado. Hoy funciona como un potente polo artístico que alberga una moderna sala de teatro y dos museos en sus laterales: el Museo de Artes Plásticas (MUART) y el Museo del Gaucho. Ubicado sobre la calle 25 de Mayo, este edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional. Para conocer más detalles, Cultura de La Mañana entrevistó a su directora, Matilde Vera Ríos.
Hablemos de ti, de tu ámbito familiar, de tu entorno y de tu primera formación. ¿Quiénes eran tus referentes?
– Soy oriunda de Tacuarembó y, desde pequeña, estuve inmersa en el mundo de la cultura, las letras y las artes, por tradición familiar, por haber crecido dentro de una librería, así como por mi formación en la educación pública y por las oportunidades que tuve de vincularme con destacados referentes de la cultura.
Fui alumna de Circe Maia (filosofía y teatro); fui vecina y asidua a los hogares del maestro Dardo Ramos, del ingeniero Idelfonso Esteves, de Iris y Fidel Sclavo, de Secundino y Tomás de Mattos, de Lucas Ríos, de Leonel Viera, de Nelson Ferreira y de Washington Escobar, quienes, entre otros, forjaron la cultura, las artes, la arquitectura y la academia de Tacuarembó.
Continué relacionada con el mundo de las letras y el derecho en la Universidad de la República. Todo esto contribuyó a que sienta una profunda vocación de servicio hacia la población y la ciudad, y me inspira la hermosa tarea de acercar la cultura a los ciudadanos.
¿Cómo siguió esa formación? ¿Cuáles fueron tus referentes y qué te motivaba?
– Mi primera formación académica fue como escribana pública en la Udelar. Enseguida me di cuenta de que, dentro de mi carrera, necesitaba un rumbo que permitiera conectar personas, crear contratos a medida y gestionar posibles conflictos entre las partes. Entonces decidí formarme en contratación agropecuaria, donde se necesitaba entender mucho y crear nuevas formas de contratación. Luego seguí estudiando mediación, oratoria y arbitraje interno, y me apasionó la mediación, esa herramienta tan valiosa que puede acercar partes y evitar el conflicto.
Después dejé a un lado la escribanía porque necesitaba crear mucho más. Tuve una primera casa de decoración y diseño, comencé a representar artistas plásticos, estudié sobre montaje de exposiciones de arte en el MAPI, recorrí museos del mundo y me interioricé en las artes plásticas. Organicé exposiciones y representé a varios artistas.
En 2014 llegó la oportunidad de manejar el Club del Libro, perteneciente a la Librería Difusión, que desde hace casi setenta años es el negocio familiar. Alquilé una casa muy antigua en la misma cuadra de la librería e instalé el Club del Libro, una galería de arte y diseño, y un petit café. Pronto se volvió un lugar de reunión de todos quienes tenían inclinaciones culturales. Luego llegó a mis manos la Biblioteca Tomás de Mattos; su hijo Ignacio me dio la curaduría.
En pandemia cerré este hermoso espacio. No logré que la biblioteca permaneciera en Tacuarembó. Cuando Valentín Trujillo asumió como director de la Biblioteca Nacional, envié todo para allí, al archivo de escritores nacionales. Se inauguró el 26 de marzo de 2020.
Tacuarembó perdió un acervo inmenso; hasta ahora lamento eso. Durante todos estos años seguí su rumbo y sé que está a buen resguardo en la Biblioteca Nacional. En la pandemia me inscribí en la Tecnicatura en Gestión Cultural del Claeh.
Luego llegarían otros proyectos, como restaurar una tapera de piedra en Valle Edén. Me presenté a trabajar en la Residencia Universitaria de Tacuarembó y, después, al llamado para el teatro. El intendente Ezquerra, un gran visionario, contrató a Gerardo Grieco para diseñar el modelo de gestión del teatro y para que me formara en seis meses. En 2025 asumí la gestión del Museo de Artes de Tacuarembó y del Museo del Gaucho, y comenzó otra etapa de formación continua.
Además de gestión y de saber trabajar en equipo, ¿tenías una particular llegada con la gente joven? ¿Tenías participación pública o política? ¿Cómo se dio tu nombramiento?
– El acercamiento a los jóvenes, a sus necesidades y a sus oportunidades lo viví muy de cerca por las generaciones de mis hijos; siempre las reuniones eran en casa. Fui miembro de la comisión directiva de un colegio durante once años.
Luego siguió la experiencia como directora de la Residencia Universitaria de Tacuarembó. Poder estar al lado de los jóvenes y ayudarlos a estudiar, a egresar, a conseguir trabajo y a formarse como adultos y ciudadanos responsables es un privilegio.
Siempre estuve al tanto de todo lo que sucedía en Tacuarembó, particularmente en los temas en los que tengo mayor sensibilidad: los menores de edad, la educación y la cultura. No he participado a nivel político en ninguna oportunidad.
Nunca pensé en involucrarme de forma pública hasta que el teatro llegó a mi vida. Estaba estudiando e investigando sobre el teatro de manera personal, y el intendente Ezquerra me conocía laboralmente por mi trabajo en la Residencia Universitaria; fue entonces cuando me llamó para pensar el teatro y ahí apareció Gerardo Grieco en escena. Recuerdo con emoción cuando le preguntó al intendente por qué yo sería la directora del teatro y él contestó: “porque ella siente, no solo trabaja, porque cuando ella te cuenta un proyecto te enamorás del proyecto”. Fueron palabras inesperadas para mí.
¿Cómo fue la organización del equipo y del funcionamiento del teatro?
– Por supuesto que Gerardo me enseñó todo y me ayudó a armarlo. Tuvimos la oportunidad de elegir solo la coordinación, que debió pasar por muchas instancias de selección. El resto del equipo lo conformaron con estudiantes terciarios que estudian en Tacuarembó y que hacen pasantías de trabajo. A los que ingresaron cuando la inauguración los formó Gerardo; a los que fueron ingresando después los hemos formado entre todo el equipo.
¿Cómo armaste la grilla? ¿Qué tuviste en cuenta para conformarla?
– El primer semestre de 2024 lo hicimos en conjunto con Gerardo; luego lo nombraron director general del Teatro Colón de Buenos Aires y terminaba su contrato en Tacuarembó. Desde entonces lo hago yo, siempre buscando asesoramiento en cada área y en cada género, y teniendo en cuenta lo que el público pide. Al ser el único teatro público, debo programar con calidad y para todos los públicos posibles.
¿Cómo administras el presupuesto? ¿Cómo se financia el proyecto?
– En lo administrativo llevamos una estricta administración y gestión de recursos públicos desde el teatro. Lo financiero lo coordinamos con el Ejecutivo Departamental y la Dirección de Hacienda; también están involucradas otras direcciones de la Intendencia de Tacuarembó, como Recursos Humanos y Prensa. Los espectáculos que organiza el teatro intentamos cobrar entradas muy accesibles. Otros los hacemos gratuitos; por lo menos una vez al mes hay espectáculos gratuitos.
Los espectáculos que son producciones privadas (los que vienen del exterior, lo masivo o muy mediático) tienen precios fijados por las productoras y podemos incidir poco. El teatro tiene pocas localidades y, si no les es rentable, esos espectáculos no llegan a Tacuarembó.
Tenemos algunos acuerdos menores; estoy intentando convenios con la Udelar, el BROU y otros. Es un debe; a veces la falta de tiempo y la inaccesibilidad a instituciones tan grandes dificultan los procesos.
Recibimos colaboraciones de muchas instituciones a nivel nacional: el MEC y su red, que incluyen el Sodre, Cyatic, Inmus, Inae, el Sistema de Museos y Acau. También de la Fundación Banco República.
Respecto a lo social e identitario, ¿qué se esperaba de un teatro emblemático como este?
– Apuntamos siempre a ser un teatro abierto a la comunidad, que invite a entrar. Inclusivo, que haya propuestas para todos los públicos; a la vez diverso, que contemple todos los géneros y gustos. Siempre exigiendo un nivel de calidad alto y profesionalismo, para obtener así credibilidad y reputación, que hasta ahora hemos mantenido. Apuntalamos y nos apoyamos en artistas locales, que han sido pieza fundamental en la construcción del proyecto colectivo.
Desde el Museo del Gaucho intentamos defender las tradiciones de hombres y mujeres de la campaña uruguaya. También el folclore y la música popular uruguaya.
Gardel es parte de nuestra esencia; trabajamos todo el año para resignificarlo, para que nuevos públicos se acerquen al tango, siempre cuidando mucho los contenidos y la forma en que estos se presentan a la comunidad.
El teatro se ha convertido en un centro cultural, anexando en sus dos alas el Museo del Gaucho y el Museo de Arte de Tacuarembó (MUART). ¿Los espacios se adaptaron para otro tipo de actividades?
– Sí, estamos integrados las tres instituciones como un centro cultural, que funciona como una misma institución con varias propuestas según la temática. El Museo de Artes y el Museo del Gaucho, que albergan acervos propios y exposiciones itinerantes, también conversatorios y talleres, experiencias inmersivas. Los ciudadanos van al museo no solo a observar; van a vivir experiencias. Intentamos que ir al teatro o a los museos sean actos de la vida cotidiana de las personas.
Esto se complementa con el café y la tienda, que son tentadores; con actividades en el foyer; con actividades en la cazuela del teatro, que también usamos como sala de conferencias; y el 24 de junio inauguramos una nueva sala de exposiciones más pequeña, donde ahora está la exposición “Carlos Gardel, el mito que nació en Medellín”. Aquí también habrá actividades itinerantes. Se utilizan todos los espacios, y cada día surgen nuevas propuestas de contenido y de públicos, así que el camino del crecimiento creo que no tiene retorno.
A dos años de la esperada reinauguración, ¿sigues con el mismo plan?
– El proyecto de gestión es nuestra guía; cada día nos damos cuenta de que es muy bueno. Aún no hemos logrado desarrollarlo plenamente; además, todos los días surgen nuevas formas, nuevas ideas, nuevas demandas y ofertas, de modo que es infinita la capacidad de crecimiento, de ampliaciones, de cambios y de mejora de procesos. Siempre se debe mejorar y aspirar a más.
Son procesos colectivos que demandan muchas voluntades en coordinación. Llevan mucho tiempo. Hemos contado con el total apoyo del Ejecutivo Departamental, de quien depende directamente el teatro.
Cada día ingresan más personas al centro cultural por esto que les decía: se han multiplicado los espacios y las propuestas. El proyecto y estos dos años lo logramos entre muchas personas: un sólido equipo de trabajo, coordinaciones con las diferentes áreas de la Intendencia, participación de la comunidad, apoyo de artistas y productores.
Para finalizar, te invitamos a dejar algún mensaje o invitación.
– Es imprescindible tomar conciencia de la importancia y necesidad de la descentralización cultural, para que la población del interior del país tenga acceso a los bienes culturales. Así como la educación y la salud llegan a todo el territorio nacional, debería ocurrir lo mismo con la cultura. Necesitamos más profesionales de la cultura. No es improvisación.
(*) Por Mary Ríos– Extraído de Portal La Mañana.

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