Educación, familia…

Nuestro Obispo, hablaba sobre el significado de la Cruz y del dolor para el cristiano.
Desde hace un par de días vivo una experiencia dual.
Lu la señora cuida coches de la cuadra, cuando en la noche me despedía, me presentó a un joven que en algún momento le haría sustituciones.
Lu siempre da alegrías, una mujer trabajadora, servicial, prolija, amante de su familia, luchadora hasta lograr romper todas las barreras burocráticas y conseguir mudarse de un rancho que se inundaba permanentemente a un departamento que para ella es un «palacio».
Por otra parte, este jovencito, con apenas 20 años, que supuestamente terminó 2º año de Liceo, sin formación, sin trabajo y sin expectativa. Me puse a conversar con él, inteligente, pero escaso de orientaciones vitales y de formación para encarar la vida.

Es probable que sus limitaciones vengan de la primera infancia y de la ausencia de una familia educadora, pero queda claro que los 6 años de escuela y 2 de liceo, no fueron suficientes para motivarlo al estudio liceal o a una orientación profesional.
Miles hoy, de adolescentes jóvenes, especialmente varones, no avanzan en sus estudios, quedan por el camino, sin formación moral y ética, sin capacitación para tener desempeño laboral útil para ellos y la Sociedad.

Sin lugar a dudas hace falta una Revolución en la Educación, que pasa por una vuelta a la misión educadora y socializadora de la familia, a un sinceramiento de los maestros y profesores, de los productores de programas en los medios de comunicación, de quienes generan o estimulan permanentes aspiraciones consumistas y alienadoras.

Si no se hace algo ya, ya, será muy difícil la recuperación sicosocial y moral de esta multitud de jóvenes, a los que se les trunca la vida.
Entre ser la Sociedad más avejentada y envejecida de Continente y esta sangría juvenil, el futuro no resulta muy halagüeño.

José Martins Pereira (Montevideo)

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