ANDREA GUERRA: Entrenamiento, disciplina y podio

“La natación me enseñó a confiar más en mí.”

Andrea Guerra es una nadadora profesional tacuaremboense, tiene 33 años de edad, hasta los 13 vivió en Tacuarembó por calle Gral. Rivera frente a Club Estudiantes y luego se mudó al Barrio Ferrocarril. Una vez al año viene a su ciudad natal a visitar a parte de su familia.  Reside actualmente en Maldonado, es Licenciada en Educación Física y guardavidas en el verano en la Brigada de Maldonado. Andrea viene de competir en el sudamericano Máster 2026 que se disputó del 13 al 17 de abril en Recife, Brasil.

La natación es un deporte de mucha soledad bajo el agua, ¿cómo manejas el diálogo interno durante los entrenamientos largos?

– La natación es un deporte bastante complejo, se da en un ámbito que no es el habitual porque es en el agua y en una posición horizontal que generalmente la tenemos al dormir o descansar, ya eso a nivel neurológico es complejo.

En los entrenamientos muy largos o que requieren más atención intento enfocarme en la técnica y en darme aliento a mí misma ya que nadie me puede hablar, ni yo tampoco.

Compito en pruebas muy rápidas de 50 mts., entonces no hay mucho margen de error, lo principal es la salida, la vuelta, si es en piscina de 25 metros y la llegada. Me concentro mucho en mi salida, después la carrera va fluyendo. Hay ciertos momentos que podes visualizar si vas primero o segundo, son pequeños segundos pero te da la idea si tienes que apretar más.

¿Cómo gestionas la presión cuando la diferencia entre una medalla y el cuarto puesto es de apenas unas centésimas de segundos?

– La presión que se genera siempre está, por más de que compito desde los 7 años y hasta al día de hoy, sabiendo que tengo la posibilidad de la medalla de oro, nunca subestimo al rival siempre pienso que tengo que dar lo mejor de mí, enfocarme y concentrarme en mi carrera, en mi trayectoria en mis respiraciones., soy muy de aislarme al momento de competir, no me es cómodo estar rodeada de muchas personas o que me hablen mucho.

Porque la competencia lleva una preparación, salgo de las gradas donde están mis entrenadores, mis compañeros o mis padres y ahí dedico un tiempo a mí misma, hago movilidad, enfoco mi mente en mi carrera y en mí como deportista, un par de respiraciones y estoy pronta.

 ¿Cuál ha sido el fracaso o la derrota que más te ha enseñado en tu carrera?

– No sé si lo consideraría un fracaso, porque fue independiente de mí, no pude hacer nada. Cuando tenía 18 años, había clasificado para unos Panamericanos en Guadalajara, junto a  dos compañeras más del interior  y nos hicieron otras pruebas alegando que nosotros no teníamos marca, volvimos hacer la prueba correspondiente y a una semana antes de ir al Panamericano, nos  avisan que la Federación Uruguaya de ese momento, comunica que no nosotras no podíamos ir y llevaron a La Posta (es un equipo de cuatro nadadores de varones) de Biguá y a una nadadora también de Biguá que no tenía marca, entonces ese sí, fue un momento duro para mi carrera, tenía 18 años, yo venía con mucho bagaje  en competencias, entrenamientos y eso fue un quiebre y deje de nadar por un tiempo.

Con el tiempo aprendí a confiar más en mí y a vencer esa barrera de no querer nadar más por un fracaso, a darme cuenta que hay más gente compitiendo y que el que está al lado tiene las mismas posibilidades que yo, cuando se sube en el cubo. Un tropiezo no es caída.

¿Qué países has visitado con el deporte? El que más te gusto y el qué menos te gusto y ¿por qué?

– El deporte me ha dado la posibilidad de viajar mucho desde temprana edad, eh recorrido casi toda Sudamérica y Singapur, para mí el mejor viaje fue Singapur pero porque eran otras cultura, un tercer mundo, algo que no estaba acostumbrada a ver en ese momento y ese viaje lo hice cuando tenía 16 años, los celulares no eran los que hay hoy, las redes sociales no existían de esta manera.

Entonces para mí fue mágico llegar a ese lugar, además fueron los Primeros Juegos Olímpicos Juveniles que se hicieron en ese lugar, entonces la dinámica es la misma que los Juegos Olímpicos de mayores, fue increíble. Y el que menos me gustó fue Venezuela, quizá por sus calles y su forma de habitar la ciudad, igual de Sudamérica el que me encanta es Brasil, amo Brasil.

¿Tienes algún ritual específico antes de lanzarte a la piscina?

– El ritual que tengo, que siempre hago y luego me arrepiento, es que cuando estamos esperando que el juez nos habilite para subir al cubo, me trono todos los dedos de las manos y después me arrepiento porque me queda una sensación rara. Además me tomo un momento para pensar en mi abuela, hoy fallecida, que fue una persona que me acompañó mucho a lo largo de mi vida y ese ratito para “hablarle” es muy importante para mí.

¿Cuál es esa serie de entrenamiento que más temes pero que sabes que es la que más te ayuda?

– El entrenamiento que no me gusta para nada, y sé que es duro, es el máximo consumo de oxígeno, que se trabaja  en distancias cortas, que estás más o menos 8 minutos nadando con descanso, pero son muy cortos, de 10 segundos y volver a otra vez. Ese para mí; es el que más me ha ayudado y al que le tengo una fe ciega, pero es el más duro me parece.

¿Cómo trabajas la sensibilidad al agua cuando sientes que no estás fluyendo bien?

– Sobre la sensibilidad del agua, me perece que todos tenemos nuestros días, hay días que te tiras al agua y “sos Michael Phelps”, pero otros días te sentís pesado, sentís que no estás nadando bien, esos días son los que pienso y me auto convenzo que por más que no esté fluyendo con el agua ni me sienta tan cómoda en ella, son los días que importan e importan un montón porque es donde la mayoría no va, entonces esos días, son los que son beneficioso para nuestro espíritu como deportista y para nuestros entrenamiento.

¿Qué importancia le das al entrenamiento fuera del agua (gimnasio, yoga, etc.) en tus resultados finales?

– Yo hice gimnasio desde los 13 años, desde muy temprana edad, con menor peso claramente, un progresivo, pero muy acostumbrada a eso, entonces mis pruebas de 50 metros son pura potencia y fuerza, entonces le doy mucha importancia a la parte del gimnasio y a la transferencia de esa fuerza hacia el agua.

¿Qué es lo que más te cuesta sacrificar de una «vida normal» para estar siempre en buen nivel físico y mental?

– En mi caso, cuando era adolescente, a los cumpleaños de 15 no podía ir, salía del colegio y mis amigas se iban juntas a merendar, hacer la tarea o mirar una novela y yo me tenía que ir a entrenar.   Temprano a la mañana mientras todos dormían, yo estaba entrenando de las 5 de la mañana y a las 7:30 entraba al Colegio, muchas veces me dormí en los bancos. Se dejan muchas cosas por fuera. Y hoy como adulta, se hace de otra manera y se busca tener los espacios de ocio y de disfrute que no sea el deporte.

Claro que si estoy a dos semanas competir, hay excesos de comidas que no los puedo hacer, priorizo mi descanso, dejamos de lado las juntas de pizzas con los amigos, porque sé que al otro día tengo que entrenar, mi cuerpo tiene que estar descansado y bien alimentado. Sin dudas implica dejar un montón de cosas de lado, pero también son decisiones. Hoy tengo otras prioridades.

Para quienes no conocen el deporte a fondo, ¿cuál es el mito sobre la natación profesional que más te gustaría desmentir?

– El mito que me gustaría desmentir, hay muchos, pero uno de ellos, decir que el nadador profesional, no sirve para más nada, que si lo sacas del agua no sirve. No es así. La cuestión es que el cuerpo del nadador tiene ciertas características para no hundirse o para ser más rápido, para flotar más, para tener más fuerza.

Entonces hay muchos deportes que no podemos hacer por ese tema porque no van con la natación, el único deporte que va más o menos de la mano es el ciclismo, pero después, el resto de los deportes son totalmente diferente y con mucho impacto, entonces para cuidar el cuerpo del deportista profesional hay ciertas cosas que no podemos hacer, entonces, no es que no servimos sino que preferimos no hacerlo para priorizar la eficiencia en el nado.

¿Tu comida favorita para «celebrar» después de una competencia importante?

– Cuando termino una competencia importante, que es algo que le pasa a todos los deportistas y se ve mucho en la villa olímpica, son los excesos, sobre todo de comida. Mi favorita para festejar es una napolitana grande con papas fritas.

¿Quién fue tu referente en este deporte?

– Si bien nunca tuve un referente o alguien que me haya despertado cierto fanatismo, creo que tiene que ver mucho con mi personalidad. No me identifico con ningún club, pero sí, me encantaba ver nadar, cuando era chica, a Serrana Fernández, fue nadadora uruguaya, para mí era increíble verla nadar y creo que ella se podría decir que fue una referente para mí. También pienso, que todos los que se suben al cubo son referentes, porque es enorme el tiempo que demanda la natación, el desgaste físico y todas las horas que se pasa con uno mismo; creo que eso habla mucho de la persona que se sube al cubo, ya sea alguien que nada muy bien, me refiero a famosos olímpicos como también los que se tiran al máster que tienen 90 años, y para mi ellos son grandes referentes porque me encantaría llegar a eso.

Si pudieras darle un consejo a la niña que recién comienza a nadar, ¿qué le dirías?

– Que es una experiencia hermosa, que el agua es un lugar muy seguro y natural como para experimentarlo, que es buenísimo sentirse parte del agua y poder disfrutar de ella, ya que nos rodea por todos lados, mares, ríos, lagos, y disfrutar con seguridad. Que disfrute las etapas, cada una de ellas, son momentos que no vuelven y que muchas veces por falta de maduración, uno intenta frenar, intenta dejar, pero que cuando llegue ese pensamiento, siga, porque es un deporte que los va acompañar toda la vida.

Más allá de las medallas que obtuviste, ¿qué legado te gustaría dejar en la natación?

– Me gustaría poder trasmitir el amor por agua a las personas que se acercan a mí o que vienen a mis clases; compartirles eso, que puedan disfrutar de un espacio natural como el agua, que tan bien nos hace y tan saludable es. Darles la seguridad de poder flotar, entrar a un río, un lago o una piscina y lo disfruten, que sientan el agua en su máxima expresión, creo que eso es lo que más me gusta y lo que me motiva a seguir.

  • Extraído de “Nuevo Semanario Batoví”

 

 

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