EDUARDO LARBANOIS Y SU DISCO “MANDALA”

El 50% del dúo más famoso y longevo del país publicó su segundo disco solista. Eduardo Larbanois, que desarrolló una carrera de casi cuatro décadas junto a Mario Carrero, despunta su gusto por la música instrumental en “MANDALA”, donde además de composiciones propias incluye una versión muy personal del tango Malena de Homero Manzzi y Lucio Demare. Es básicamente un álbum de homenajes, puesto que cada surco está dedicado a su Tacuarembó natal, a un amigo o a algunas de sus influencias. De paso rompe con cualquier superstición al titular una de sus músicas Martes 13, en la que participa el violinista Federico Britos.

¿Por qué publicó su segundo disco solista ahora?

Porque hace mucho tiempo que tenía ganas de hacerlo. Incluye músicas de muchos años que nacieron para ser canciones. Yo soy muy riguroso con el texto y generalmente rompo más de lo que hago. No siempre es fácil darle a otro para que escriba. Algunas se las había dado a Mario (Carrero) pero no le encontró la vuelta y en ese sentido somos muy honestos. Si no cuaja, no cuaja. Tiene que ser una simbiosis perfecta. Hay músicas del año 78. Yo siempre estoy estudiando porque me interesa y porque reconozco que estoy siempre en el principio. De repente un año hago un curso de orquestación de cuerdas y escribo muchas cosas para ese lado. Es imprescindible. Sería un vanidoso pensar que uno ya está pronto. Cuando estás pronto estás para irte.

Su primer disco, Cuerdas desatadas, pasó casi desapercibido.

No le di mucha trascendencia porque había mucha actividad con el dúo y no quería chocar. De manera que hice sólo un recital. Pero curiosamente se publicó en Argentina y se vendió muy bien allá.

Mandala es un disco de homenajes. ¿Por qué?

Canción de Tacuarembó, por ejemplo, es un recuerdo escolar. Una milonga para Dino, es una música que le di a Dino en el 78 y le puso texto pero no le gustó. Entonces la guardé y terminé orquestándola. El Homenaje al «Cuchi» Leguizamón es porque me formé escuchándolo, es un músico salteño (Salta, Argentina) maravilloso, un referente de la chacarera. Y había más, pero no me dio el tiempo. Tengo versiones de Zitarrosa que saldrán en el próximo disco. Me puse las pilas y me siento con ganas de desarrollar esta parte.

Es interesante el concepto que plasma en Fronteras, donde señala que el hombre tiene la necesidad de poner fronteras a todas las cosas. ¿Por qué lo dice?

Es lo que engloba todo el trabajo, porque es fronterizo entre lo académico y lo popular. Más allá de los otros conceptos que digo allí. La milonga como música representativa nuestra tiene una amplitud tan grande que aborda cualquier temática. Acá hubo una revolución en el género en la década del 60. Estructuralmente era muy sencilla, con dos acordes, una melodía preestablecida, pero cuando salió Milonga de pelo largo planteó una estructura muy diferente, un concepto incluso tímbrico diferente. Milonga de andar lejos de Viglietti también es una joya desde el punto de vista musical.

Es un disco instrumental pero cada canción tiene su concepto y su historia, detallada en el arte que acompaña al CD. ¿Siempre compone a partir de un relato?

Sí, generalmente sí. Incluso en los shows me gusta charlar con la gente, contar esas historias que dieron origen a las canciones. No me gusta el show frío de alguien que toca lo que está programado y se va. Me gusta que la cosa sea coloquial. Se me hace muy ameno.

¿Y por qué no canta?

Tengo cosas cantadas en espera pero probablemente algunas terminen en el nuevo disco del dúo y otras tal vez no, porque si hay algo que no nos gusta a los dos, no va. Tratamos de ser muy coherentes en lo que hacemos. Estoy haciendo textos ahora y me cuesta mucho porque teniendo referentes como Benavides, Darnauchans, Cabrera y Mario Carrero, que tiene una capacidad de síntesis notable, yo debo pelear mucho para hacer una cosa que esté al nivel.

En general, ¿en el dúo Mario se encarga de las letras?

Muchas veces Mario incluso trae la canción esbozada y yo me encargo de hacer los arreglos, la instrumentación y arreglos de voces. A veces hago algún cambio porque armónicamente me parece más interesante. El texto te va dando pautas a nivel musical. Eso lo aprendés en el teatro o escuchando algunos maestros como Zitarrosa, que venía de un oficio de locutor y su forma de frasear era perfecta.

¿Cuántos años tiene el dúo?

Va a cumplir 38 años de forma ininterrumpida.

Es un matrimonio largo. Que publique un disco solista podría sugerir que el dúo atraviesa una crisis artística. ¿Larbanois & Carrero podría disolverse?

En este caso no, porque siempre toqué con otros músicos. En un momento llegué a grabar en 150 discos de música uruguaya, grabé con casi todos, con el único que no compartí estudio es con Jaime Roos. Te enriquece mucho. El dúo nació como dos solistas cantando. De ahí el nombre. En aquel momento todos tenían un nombre genérico como Los Zucará y nosotros éramos dos solistas que nos acompañábamos. Uno de los primeros contratos en el 78 lo firmamos como Larbanois y Carrero y ahí ya quedó.

¿Cómo se sobrevive al desgaste?

—En la medida en que hayan objetivos comunes es posible. Carrero no tenía necesidad de Larbanois para proyectar su trabajo y creo que Larbanois tampoco. Optamos por trabajar juntos. Sumamos y en la suma siempre hay resultados mejores. Como en toda relación hemos tenido tormentas pero supimos salir con altura. La vida está llena de matices. No me siento atado ni frente al público. Si mañana no nos sentimos cómodos no sería digno estar frente a la gente como dúo, pero tenemos muchos proyectos juntos y probablemente este año publiquemos un nuevo disco.

¿Cuántas actuaciones hacen por año?

Un mínimo de cuatro por mes. También hay que proyectar el trabajo hacia afuera. La cultura del país es un producto de exportación y el día que la clase política entienda eso pueden cambiar muchas cosas. Falta apoyo. Nosotros hemos tocado en Venezuela, Cuba, Estados Unidos, Canadá, Australia, España, Argentina y Brasil. A veces se hace más difícil tocar en América Latina que en Europa. También digo con cierto sarcasmo y dolor que si Don Mario Benedetti no hubiera sufrido las consecuencias del exilio hubiera sido un empleado público más que escribía. Creo que eso tendría que cambiar, se han dado pasos importantes en este terreno pero no alcanzan.

El primer instrumento que tocó Eduardo Larbanois en su casa de Tacuarembó fue el tamboril, una de las aficiones de su padre. Su abuelo, que se ganaba la vida como sastre, tocaba instrumentos de viento, pero él no llegó a escucharlo. El bisabuelo de Larbanois, de origen belga, fundó la orquesta municipal del departamento, pero falleció muy joven cuando tenía 36 años. Su padre trabajaba en la agencia ONDA y todos los días cargaba con un montón de elásticos para apretar las cartas. Fue con eso, unas latas y un pedazo de madera que se había caído de una cama que construyó algo parecido a una guitarra. Hoy posee varias. La primera que le regaló su madre todavía está en Tacuarembó. Tiene otra hecha por el reconocido luthier Miranda, una japonesa, una de doce cuerdas y otras que utiliza para dar clases. Además guarda como un tesoro el charango que le regaló Alfredo Zitarrosa. Ahora su hijo es bajista y lo acompaña en esta aventura solista. En “Mandala” participa el violinista Federico Britos, a quien cataloga como “un uruguayo que nos honra con siete premios Grammy”. En el álbum también participaron la bandoneonista Cecilia Segurado, el flautista Pablo Somma y el percusionista Fernando Núñez. Aunque el músico tiene un gusto especial por el dibujo, la carátula que lleva un mandala impreso no es suya. Pertenece a la artista plástica Graciela Pereira Lima.

Larbanois reconoce que antes de involucrarse en su profesión lo suyo era el dibujo: “Es un debe que tengo, y todavía no he podido abordarlo de lleno, porque reconozco que me llevaría mucho tiempo por el respeto y el amor que me despierta la pintura”.

Extraído de El País Digital (15.2.2015)

Foto 3: Larbanois con el mate y el también tacuaremboense Víctor Amaral con acordeón.

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